
Sin lugar a dudas, Brackenbury fue el gran beneficiado por la Exposición Iberoamericana, pues sobre él recayeron la mayoría de los encargos que irían a decorar el recinto del evento: Fuentes de los Leones, San Diego, Sevilla y Cuatro Estaciones, grupos alegóricos de Covandoga, decoración de pabellones, retratos de los Conquistadores, Monumento de Tablada…
Brackenbury ha pasado a la historia, además de por su obra, como un hombre bien posicionado y de contactos. Era muy conocido en Sevilla y parece ser que gozaba de la estima de sus conocidos, pues tenía fama de modesto, correcto y bondadoso.
Sentía una especial vocación por las artes, teniendo predilección por la escultura. A pesar de estar posicionado económicamente bien, no tenía reparos en meterse en complicados encargos, que sólo le aportaban su satisfacción personal y artística.
La etiqueta de bondadoso estuvo probada por el hecho de compartir encargos con otros escultores que resultaban rechazados en los concursos y certámenes convocados por la comisaría de la Exposición. Lorenzo Coullaut Valera fue uno de sus colegas con los que mantuvo una relación amistosa y profesional muy estrecha, trabajando juntos en multitud de proyectos de la Exposición: Glorieta de Covadonga, Victorias aladas, etc. No es de extrañar que con el fin de conseguir una unidad en sus obras, trabajasen juntos en estas ocasiones.
Esta fotografía, tomada en 1.915, muestra uno de esos momentos en el que ambos, en compañía de sus aprendices, sobre distintas figuras. En la imagen vemos los leones que la Glorieta de los Leones del Parque de María Luisa y las figuras de la Alegoría de la Ciencia, proyectada entonces para el Palacio de Bellas Artes.

