
En la sesión celebrada el 26 de noviembre de 1910, el concejal de huertas del Ayuntamiento de Sevilla hacía pública la propuesta que por iniciativa de los Hermanos Serafín y Joaquín Álvarez Quintero pretendía levantar un monumento en honor a Gustavo Adolfo Bécquer. Para ello, la edición de su nueva obra, “La Rima Eterna”, vendría a empujar la financiación de la obra, destinando el producto íntegro a este fin.
El proyecto, acogido con agrado por todas las partes implicadas, fue puesto en marcha al momento, encargándose la ejecución al afamado artista Lorenzo Coullaut Valera, que trabajó en la obra desde su estudio en Madrid. Aprobada la maqueta y finalizados los modelos en barro, el escultor Bechini se encargó de finalizar las piezas materializándolas en mármol blanco de Carrara. Se inauguró el 9 de diciembre de 1912.
El Monumento a Bécquer está compuesto por el retrato del homenajeado sobre pedestal, como eje que divide la evocación literaria representada. El conjunto se desarrolla a lo largo de un banco perimetral que rodea el taxodium. A ambos lados se encuentran el amor vivo, representado en bronce, que es captado en el momento de “herir” a tres damas, que simbolizan tres estadios o actitudes del amor: el que llega, el presente y el que se va. Al otro lado, el amor herido yace muerto, sin flechas.
Desde su inauguración hasta hoy, el crecimiento del árbol y el vandalismo ha ido marcando su trayectoria histórica y las diferentes restauraciones que se han acometido.

