
En 1909 se inicia en Sevilla la gesta de organizar una Exposición Iberoamericana, que por distinto motivos no se celebraría hasta 1929. Aníbal González, el encargado de materializarla arquitectónicamente, pronto ideó una serie de reformas en el enclave escogido como recinto del evento, que prácticamente se desarrollaría en los llamados Jardines de San Telmo, hoy Parque de María Luisa. Además de la apertura de nuevos espacios, el arquitecto inició otros proyectos menores con el fin de rehabilitar las glorietas existentes en el parque desde la remodelación de Forestier, entre ellas la Glorieta de Bécquer. Entre 1910 y 1918 trabajó en un proyecto que tuvo como objetivo la alineación centralizada de la glorieta y la instalación de elementos que humanizaran su espacio. Entre estos elementos destacan la realización de tres bancos pétreos y la reordenación de un anaquel existente. Así permaneció este lugar hasta que hace pocas décadas el vandalismo propició la desaparición de todos estos muebles.

