
Los zócalos de azulejos que decoran los muros del templo y las capillas, Teodoro Falcón, los atribuye a Diego de Sepúlveda, por su similitud con los de la Sacristía de la Iglesia del Sagrario (1657) con la diferencia de que en estos no se utilizan los frisos de grutescos y otros motivos policromados, tan llamativos en la decoración de la Sacristía del Sagrario, repitiendo sólo los motivos florales con la bicromía de dos tonos de azul sobre blanco tan característico de la época, enmarcados los paños por cenefas de azul monocromático.
Otro modelo, de inspiración renacentista y relacionado con la producción de “loza decorativa” del taller trianero de Alonso García, Roque Hernández y Cristóbal de Augusta(segunda mitad del siglo XVI) decora dos de los paramentos de la capilla de San Juan Nepomuceno, en la cabecera de la nave del Evangelio. Se trata de sendos paneles de azulejos polícromos (esmaltes azules, verdes y amarillo sobre fondo blanco) con un tema decorativo habitual de la cerámica decorativa tanto de tradición Trianera como de Talavera de la Reina y denominada “de puntas de clavos”. Los motivos pretenden una evidente sensación de relieve por trampantojo. Siendo un tipo de loza muy repetido en la tradición ceramista sevillana y debido a las dificultades de acceso e inspección por motivo de las obras en curso, desconocemos si se trata de paneles originales del último tercio del siglo XVI o, en cualquier caso, la reutilización de materiales de acarreo originales del siglo XVI como parte de un programa de redecoración de la capilla.
REINTEGRACIÓN: Introducción de nuevos elementos para solucionar las lagunas.
Dado su carácter excepcional, tanto en la Ley de Patrimonio Histórico de Andalucía, como en las distintas normas y cartas de restauración, este aspecto debe ser tratado de manera específica, puesto que ha sido un trabajo complejo con el fin de adecuar la solución a lo estipulado por el criterio de restauración.
Para comprender la necesidad de la reintegración hay que tener en cuenta primeramente que los paneles o revestimientos cerámicos eran restaurados para que éstos mantuvieran su funcionalidad original, de ahí la necesidad de garantizar la salvaguarda de los valores artísticos originales.
El estudio previo de reconocimiento y las posteriores labores de restauración pormenorizada de cada baldosa iban encaminadas hacia el objetivo clave de conservar todo aquello que se había conservado y podía ser restaurado, de tal forma que la reintegración se ha reservado a aquellos puntos donde los azulejos habían desaparecido o que prácticamente eran ya irrecuperables.
La dirección facultativa, así como el criterio de restauración, creyó que forma más estable y respetuosa para compatibilizar estas nuevas piezas con las históricas es elaborar el material de reintegración siguiendo las técnicas tradicionales.
El objetivo principal en cuanto a la realización de los azulejos nuevos es alcanzar un mimetismo total respecto al material original en una visión generaliza para evitar contrastes que puedan afectar a la percepción estética del conjunto arquitectónico y ornamental unitario que posee la iglesia de Santa María la Blanca.
La diferenciación, deseada en la normativa internacional especializada, se ha reservado en cuestiones muy concretas que afectan a detalles de trazado de motivos o tonalidades, que sólo son perceptibles en un examen detallado de cada uno de los paños.
Como se ha dicho anteriormente, la reintegración fue proyectada y posteriormente ejecutada con el fin de subsanar lagunas, es decir, que las nuevas baldosas llenarían los huecos producidos por el material histórico perdido. No obstante, la reintegración también ha ido encaminada a la sustitución de piezas, cuyo estado de conservación hacía imposible su mantenimiento.
En estos casos se ha cuidado mucho la elección de estas baldosas sustituidas y se han seleccionado aquellas que presentaban un alto porcentaje de pérdida de su revestimiento esmaltado. Se han mantenido las baldosas que presentaban imperfecciones, roturas, grietas, incluso puntuales lagunas, ya que entendemos que estos rasgos son testimonio de su antigüedad y su historia.
La colocación es fundamental en el acabado mimético de las reintegraciones, aún más en este caso donde las lagunas no se limitan a zonas específicas, sino que aparecen de forma arbitraria en diferentes puntos de cada paño. De ahí que técnicamente haya sido una actuación compleja, meditada y laboriosa con el fin de logar una simbiosis en las uniones de una baldosa histórica con una nueva, tratando de conseguir un encajado perfecto sin juntas visibles para, de este modo, no interrumpir la lectura de los motivos ornamentales geométricos y vegetales que configuran el revestimiento.
La empresa especializada METIS, Conservación y Restauración S.L. fue la encargada de la realización y suministro de los nuevos azulejos. La extracción del material cerámico original permitió que contase con un amplio catálogo de muestras que permitiese el estudio de la composición del bizcocho y del esmalte.
Previamente se elaboraron estudios de colores y tonos, presentando una carta cromática muy aproximada a la original. Igualmente, se presentaron prototipos de bizcocho siendo elegido el realizado con las mismas características materiales, con un grosor similar para garantizar su perfecta colocación y encuadre.
La elaboración de los esmaltes es también muy relevante pues de ella depende la apariencia estética que finalmente presente el azulejo. Por esta razón se procedió a estudiar cada pieza, clasificándola según motivos y tonalidades y según pigmentos usados (cada tipo correspondiente a una época).Las conclusiones extraídas fueron las siguientes:
Los tipos cerámicos que componen los conjuntos o tableros de azulejería son:
Los pigmentos utilizados en los esmaltes analizados se consideran que son:
Cerámica del siglo XVI:
Cerámica del siglo XVII:
De acuerdo con todos estos datos y con el criterio de restauración, como ya se ha expresado anteriormente, las nuevas baldosas están realizadas con materiales y técnicas tradicionales. La superficie vidriada ha sido pintada a mano, imitando los trazados y pinceladas originales. No obstante, como es lógico, los pigmentos usados son contemporáneos, ya que entre otros motivos, los históricos no se producen y en algunos casos su composición está prohibida por cuestiones ambientales.
